RSE

La minería concebida como actividad acorde con los principios de la sustentabilidad es un imperativo ético y económico, además de herramienta que contribuye en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Las buenas prácticas pueden lograrse a través de estrategias asumidas por mineros, vecinos y autoridades, sobre la base de la información, el diálogo y el acuerdo comunitario. La práctica de la Responsabilidad Social juega un rol importante en esta dirección; complementariamente, algunos lineamientos adicionales de estrategias pueden ser efectivos para las buenas prácticas en la minería.

De todas las industrias, probablemente la minería sea la que más interrogantes crea en la población y más detractores ha forjado en el tiempo. Las malas prácticas mineras, la falta de cuidado ambiental, la irresponsabilidad fiscal y las malas relaciones comunitarias, todas ellas aún presentes en diversos grados y estratos de la actividad minera, han conducido a este criterio que hoy se intenta erradicar desde los planos gubernamentales, empresariales y comunitarios, con la implementación de un conjunto de políticas que llevan a que el ejercicio de la minería de hoy, sea también un compromiso social que eleve el desarrollo de esas comunidades mineras, que presentan condiciones socio-económicas paupérrimas y por consiguiente son comunidades donde el progreso son se asoma.
Dentro de los límites de una operación minera, se puede manejar el hábitat natural en zonas no alteradas para mejorar su valor para la biodiversidad, o se puede restaurar el hábitat que ha sufrido alteraciones históricas (no vinculadas con la minería).
También se puede extender dicha práctica de manejo a la segunda esfera de influencia (la zona de concesión más amplia), que puede ofrecer una oportunidad para conectarse con las iniciativas de conservación en proceso o con las zonas adyacentes protegidas.
Un buen manejo de la biodiversidad puede traer beneficios a las empresas mineras, tales como:
• Mayor confianza y lealtad del inversionista,
• Procesos más reducidos y menos contenciosos para obtención de permisos, como resultados de mejores relaciones con agencias reguladoras,
• Mejores relaciones comunitarias,
• Mejores asociaciones de colaboración con las ONG,
• Mayor motivación para los empleados, y
• Menores riesgos y responsabilidades.

 


 

ASPECTO AMBIENTAL
A comienzos de los años setenta, el tema medio ambiental se transforma en una preocupación ineludible para los gobiernos, al darse cuenta de los efectos de los problemas ambientales incidían directamente en la salud de la población, de los ecosistemas, y podrían impactar negativamente en el desarrollo nacional.
Ya en esa época innumerables estudios científicos, y reuniones internacionales, tal como la “Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente Humano”, realizada en Suecia, en 1972, dan cuenta de las causas y riesgos de éstos problemas, y por consiguiente de la necesidad de controlarlos a través de un manejo ambiental, que incluya modelos de gestión ambiental en las políticas de gobierno y del empresariado
En este contexto, la actividad minera a nivel mundial ha ido incorporando estándares ambientales que le permiten cumplir con los requerimientos de protección del medio ambiente.
En Panamá, los proyectos mineros se someten a un proceso de Evaluación de Impacto Ambiental, que tiene como objetivo analizar el proyecto buscando la mitigación de los impactos ambientales resultantes de las actividades desarrolladas por éste.
En el ámbito internacional, las normas internacionales de gestión y protección ambiental, ISO 14.000, aceptadas como estándares por la mayoría de los países desarrollados, ha puesto de relieve que la producción de bienes y servicios, deberá cumplir ciertos requisitos ambientales, sin los cuales, los productos no serán aceptados en el mercado internacional.
Este “sello verde” que reciben las empresas que adoptan las mencionadas normas internacionales y que son cónsonos con el desarrollo comunitario y la protección ambiental mejoran la competitividad de las exportaciones, debido a que hoy, los mercados modernos no se relacionan sólo a través del recio y la calidad, sino también por el cumplimiento de las normas ambientales que regulan la preservación del medio ambiente.
Los nuevos planteamientos de las empresas mineras hablan hoy de la sostenibilidad de los proyectos a través de las prácticas de responsabilidad ambiental y social que buscan minimizar los impactos producidos por la extracción de materias primas minerales y revertir las incidencias que, en suelos, atmósfera, aguas, flora y fauna, puedan encontrarse.
Existen diversas estrategias para garantizar una actividad extractiva sostenible, entendiendo por sostenibilidad tanto la económica, como la social y ambiental, sin olvidar el concepto de sostenibilidad ética. Debe tenerse en cuenta que las rocas industriales y los minerales son recursos no renovables y que la situación de sus yacimientos está dictada por la naturaleza.
No es posible, por lo tanto, establecer la industria minera en cualquier punto del territorio, sino que, por el contrario, es la localización de dichos recursos lo que debe guiar la planificación a diferencia de otras industrias.
En ese sentido, la industria minera mantiene el reto de sostener los recursos existentes, no causar detrimentos en la naturaleza y al mismo tiempo trabajar proactivamente en el desarrollo social del entorno minero, con la convicción de que esa mina, lejos de representar un retraso, represente una evolución.
En este ámbito, es justo señalar que numerosas empresas han logrado importantes avances en la protección ambiental, previniendo desde sus orígenes la contaminación ambiental mediante la elaboración de estudios de impacto ambiental, incentivando así la capacidad de innovación tecnológica y de gestión ambiental de estas compañías.
El mayor índice de un determinado recurso en el territorio permite abordar de diferentes formas la sostenibilidad de su extracción.
Así, para los recursos minerales cuya existencia es relativamente abundante (rocas) la herramienta de gestión medioambiental más adecuada es la ordenación minero-ambiental del territorio.
Cuando se trata de recursos minerales más escasos (minerales metálicos), una correcta evaluación del impacto ambiental es la única manera de afrontar el problema de la sostenibilidad de su extracción.
Una política minera que patrocine la producción limpia en el sector minero incluye prevenir la contaminación en el origen; reutilizar y reciclar el recurso residuo; generar mecanismos transferencia tecnológica (aplicación de tecnologías limpias), incorporar en la gestión global de las empresas el concepto de producción limpia, generar mecanismos de incentivo.
Los lineamientos generales de esta política propenden al establecimiento de una gestión proactiva con respecto al tema ambiental, en donde el concepto de eco-eficiencia involucre la utilización eficiente de insumos y procesos de forma que disminuyan costos de operación y mejoren el desempeño ambiental. Asimismo, se promueve la inserción de la variable ambiental en la planificación estratégica de la empresa, la transferencia de tecnologías limpias desde países desarrollados, así como también, la promoción del desarrollo de tecnologías limpias nacionales. Se deberá contemplar la oportunidad de promover la transferencia tecnológica en el ámbito de la minería, fundición y refinación, a través de tecnologías tanto pirometalúrgicas como hidrometalúrgicas.



ASPECTO SOCIAL
Los planes de acción de desarrollo social, establecen compromisos inmediatos y en el largo plazo que permitan un acompañamiento del desarrollo social para establecer una comunicación y un diálogo con la comunidad transparente, directo y continuo.
Igualmente establece estrategias para mejorar el bienestar social de los grupos de interés ubicados en las zonas aledañas al desarrollo del proyecto.
La práctica de la Responsabilidad Social/Empresarial juega un rol importante en esta dirección; complementariamente, algunos lineamientos adicionales de estrategias pueden ser efectivos para las buenas prácticas en la minería. Algunas de las estrategias para seguir las buenas prácticas son la delimitación del concepto de Responsabilidad Social del Estado en la gestión de los recursos naturales; el establecimiento de mecanismos de cooperación para lograr un equilibrio entre las valoraciones endógena y exógena de los recursos naturales; la fijación de políticas y mecanismos operativos que permitan una clara compatibilidad entre la responsabilidad social empresarial y la competitividad auténtica.
Asociadas a estas estrategias están otras tales como el establecer la diferenciación entre Responsabilidad social y el Mercadeo Social. La redefinición de las formas internacionales de contratación comercial, introduciendo el concepto de “cotización sustentable”. La definición de criterios para establecer la corresponsabilidad entre los productores y consumidores internacionales de recursos naturales. El diseño de instrumentos para captar parte de las rentas derivadas de situaciones excepcionales de mercado y la organización de un ajuste energético mundial. Son muchas las tareas de la industria minera en la implementación de las buenas prácticas establecidas a nivel mundial, pero sin duda ya hay ejemplos que grafican la compatibilidad entre la minería, la comunidad, y sus focos de desarrollo. El debate se inclina hacia qué tipo de minería estamos dispuestos a defender.